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terça-feira, 14 de junho de 2011

DOUTRINA - HIJOS DE PADRES HOMOSEXUALES: QUÉ LES DIFERENCIA ?

Frías Navarro, M.D.
Pascual Llobell, J.
Monterde Bort, H.
Universitat de València
*Dra. María Dolores Frías Navarro. Dpto. de Metodología. Facultad de Psicología. Avda.. Blasco Ibáñez,
21. 46010 Valencia. Correo-e: M.Dolores.Frias@uv.es. WEB: http://www.uv.es/~friasnav/
*Dr. Juan Pascual Llobell. Dpto. de Metodología. Facultad de Psicología. Avda.. Blasco Ibáñez, 21.
46010 Valencia. Correo-e: Juan.Pascual@uv.es
*Dr. Héctor Monterde i Bort. Dpto. de Metodología. Facultad de Psicología. Avda.. Blasco Ibáñez, 21.
46010 Valencia. Correo-e: Hector.Monterde@uv.es. WEB: http://www.uv.es/~monterdh/
V Congreso Virtual de Psiquiatría
Interpsiquis 2004
1 - 28 Febrero 2004
www.psiquiatria.com/congreso
congreso@psiquiatria.com

RESUMEN

El objetivo de nuestra investigación es presentar los resultados más destacados obtenidos por los equipos
de investigación más representativos que centran sus análisis sobre la familia homoparental. Nuestra
investigación también tiene como objetivo prioritario reflexionar sobre las cuestiones metodológicas de
diseño de investigación que aseguren la calidad de los datos y por consiguiente apoyen el conocimiento
válido de la realidad del funcionamiento familiar estudiado. Treinta años de investigación sobre la
posibilidad de diferencias en el ajuste psicológico de los niños de familias hetero y homosexuales han
conducido a decisiones estadísticas de ausencia de diferencias estadísticamente significativas. Quizás ha
llegado el momento de cambiar el planteamiento habitual de la hipótesis nula, formulando como objetivo
la búsqueda de la igualdad de los grupos sometidos a contraste. Los Tests de Equivalencia permiten
comprobar si dos grupos son los suficientemente cercanos para ser considerados equivalentes, facilitando
realizar consideraciones sobre temas sustantivos y sobre el tamaño del efecto.
Palabras Clave Homosexualidad, padres homosexuales, familia, Tests de Equivalencia
Key Words: Homosexuality, homosexual parenting, family, Equivalency Testing

ABSTRACT

The objective of our investigation is to present the most important results up to now obtained by the most
representative teams of investigation on the homoparental family. Our investigation has also as an priority
objective to reflect on the questions of design of investigation that assure the quality of the data and
consequently they support the valid knowledge of the reality of the family operation studied. Thirty years
of investigation on the possibility of differences in the psychological adjustment of the children of
families hetero and homosexual have conducted to statistical decisions of statistically significant absence
of differences. Perhaps the moment has arrived to change the habitual approach of the null hypothesis,
formulating like objective the search of the equality of the groups submitted to contrast. The Tests of
Equivalence permit to verify if two groups are the sufficiently nearby to be you considered equivalent,
facilitating to carry out considerations on substantive significance and on the effect size.


La convivencia de diferentes estructuras familiares es ya una realidad en nuestra sociedad que se
caracteriza por su permanente transformación. Durante el siglo veinte la familia extensa dio paso a la
familia nuclear y el siglo XXI se caracteriza por la diversidad de estructuras familiares. El avance de la
Ciencia con las técnicas de reproducción asistida y la apertura de la adopción internacional han dado
nuevos colores a la estructura familiar. Familias con padres heterosexuales, familias con padres gay o
madres lesbianas, familias que adoptan (nacional o internacionalmente), familias con padres procedentes
de diferentes culturas o razas, familias con padres divorciados o separados, nuevas familias creadas
después de anteriores matrimonios (familias reconstituidas, ensambladas o familiastras), familias de
acogida (acogimiento familiar simple, acogimiento familiar permanente, acogimiento familiar
preadoptivo, acogimiento abierto), familias donde los abuelos hacen de padres de sus nietos, familias
donde los hijos hacen de padres de sus padres, familias con hijos fruto de la reproducción asistida (con
diferentes técnicas), familias monoparentales... Actualmente hablar de familia implica mucho más que
padres heterosexuales e hijos biológicos fruto de la concepción natural. Si tenemos en cuenta que entre las
estructuras de familia numeradas anteriormente son posibles interacciones, como por ejemplo madre
lesbiana sola que adopta o madre heterosexual con hijo de anterior matrimonio que con una nueva pareja
tiene un hijo gracias a la fertilización in vitro, entonces las posibilidades de convivencia familiar sólo
tienen una repuesta: diversas.
Entre la diversidad de estructuras familiares sobresale un punto en común que es la parentalidad. La
forma de ser padres ha ido cambiando con el paso del tiempo como una función del ajuste social,
económico y tecnológico. Sin embargo, la meta de la parentalidad permanece: capacitar a los hijos para
que sean adultos competentes y humanitarios, capaces de funcionar dentro de la sociedad (Maccoby,
1992).
La parentalidad es un proceso complejo que implica algo más que una madre o un padre proporcionando
comida y seguridad al niño. Es un proceso bidireccional donde la clave es criar al hijo de la manera más
saludable que sea posible. El papel del padre/madre implica proporcionar al niño un medio ambiente
seguro y estable, garantizando las necesidades nutricionales, ofreciendo amor y apoyo y favoreciendo
interacciones predecibles de naturaleza positiva. Como consecuencia, el desarrollo del niño será saludable
y las experiencias vividas en la familia le permitirán adquirir conocimientos, valores, actitudes y
conductas que en el futuro serán las bases de un adulto que contribuirá a su familia, a su comunidad y a la
sociedad de un modo eficaz y adaptado. La calidad de la parentalidad no depende del tipo de estructura
familiar donde se vive, depende de las conductas, interacciones y enseñanzas de los padres.

Homoparentalidad

Dentro de la diversidad de las estructuras familiares, las familias de padres gay y madres lesbianas son
cada vez más visibles y más comunes. Desde la década de los cincuenta se han ido realizando estudios
metódicos centrados en la comparación entre padres heterosexuales y madres lesbianas o padres gay. La
investigación sistemática sobre sus hijos es más reciente (finales de la década de los 70) y está conectada
con las madres lesbianas y sus problemas por obtener la custodia cuando se divorciaban (Falk, 1989). Un
dato sobresale de forma unánime en las investigaciones: las creencias sobre diferencias de ajuste
psicológico entre los niños criados por padres heterosexuales y padres gay o madres lesbianas no están
apoyadas por los estudios empíricos. De este modo queda ya contestada la pregunta que da título a
nuestro trabajo. El desarrollo psicosocial de los niños de familias con padres gay o madres lesbianas no
está afectado negativamente por la orientación sexual de sus padres, su ajuste cognitivo, emocional,
sexual y social es semejante al de sus homólogos criados en familias con padres heterosexuales
(Golombok, Perry, Burston, Murria, Mooney-Somers, Stevens y Golding, 2003; American Academy of
Pediatrics, Perrin y the Committee on Psychosocial Aspects of Child and Family Health, 2002).
Diversas asociaciones prestigiosas internacionales apoyan la calidad de la parentalidad de madres
lesbianas y padres gay. En 1976 la American Psychological Association (APA)
(http://www.apa.org/pi/lgbc/policy/statements.html) adoptó una resolución donde destacaba que ni el
sexo ni la identidad de género ni la orientación sexual son motivos que impiden la adopción, del mismo
modo que no deben ser variables que retiren la custodia. En 1995 el APA publica Lesbian and Gay
Parenting: A resource for psychologists, (http://www.apa.org/pi/parent.html) proporcionando una
bibliografía comentada de investigaciones psicológicas. En resumen se concluye que los resultados de las
investigaciones señalan que los padres heterosexuales y los padres homosexuales crían a sus hijos de
forma muy semejante, no apoyando los datos los estereotipos sociales. En el año 2000, la American
Psychiatric Association apoyó el derecho legal de las uniones del mismo sexo, reconociendo sus
derechos, beneficios y responsabilidades, destacando su apoyo a la adopción y a la adopción compartida
(http://www.psych.org/news_room/press_releases/adoption_coparenting121802.pdf). En febrero de 2002
el informe elaborado por la American Academy of Pediatrics
(http://aappolicy.aappublications.org/cgi/content/full/pediatrics%3b109/2/339) dio su apoyo a la adopción
por padres gay y madres lesbianas así como a la legalización de la co-parentalidad. En Mayo de 2002 la
posición de la American Psychoanalytic Association (http://apsa-co.org/ctf/cgli/parenting.htm) también es
de apoyo a la adopción, destacando la competencia de los padres gay y homosexuales.
Nuestra línea de investigación sobre el desarrollo social, cognitivo y emocional de los niños criados y
educados en familias “no tradicionales” (http://www.uv.es/~friasnav/unidad%20inves.html) trata de
aportar un dato más sobre las creencias y atribuciones que se mantienen respecto al ajuste familiar en
nuevas estructuras de convivencia. Los resultados encontrados en estudios previos (Frías, Pascual y
Monterde, 2003) nos permiten concluir que en términos generales los estudiantes universitarios de
Psicología perciben a los hombres gay y a las mujeres lesbianas como ajustados, sin ningún tipo de
patología, cuyos derechos deberían ser igualados socialmente. Sin embargo, las opiniones no son tan
claras y unánimes sobre el efecto que puede tener ser criado y educado por un padre gay o una madre
lesbiana, manteniéndose ciertos prejuicios acerca de la capacidad parental asociada a la orientación
sexual. Los estudios científicos sobre la realidad del fenómeno no han ofrecido pruebas que pongan en
duda la capacidad de ser padres gay o madre lesbiana. En concreto, el trabajo que presentamos aquí tiene
el propósito de analizar el proceso del diseño de investigación sobre familias de padres gay y madres
lesbianas, especialmente deseamos iniciar una línea de investigación cuya meta sea aportar más pruebas
de la validez de los diseños de investigación empleados, buscando nuevas técnicas de análisis que
faciliten el objetivo último de la investigación: conocer la realidad del ajuste psicosocial de los niños
criados en familias homoparentales.

Evidencia aportada por la investigación

Las familias con hijos de padres gay o madres lesbianas ya existen en nuestra sociedad, no estamos
hablando de su posible configuración. Son una realidad aunque desconocemos su número. En 1995
Laumann estimaba que entre uno y nueve millones de niños de los Estados Unidos tienen al menos un
padre gay o una madre lesbiana. Hasta hace unas décadas, la mayoría de los niños de hogares
homoparentales eran fruto de relaciones heterosexuales anteriores. Con el desarrollo de las técnicas de
reproducción asistida con la inseminación por donación, donación de óvulos y madres sustitutas
(surrogate mother) y la posibilidad de la adopción, cada vez es más alto el número de parejas gay y
lesbianas que planean conjuntamente ser padres o lo deciden como padres solos constituyendo familias
monoparentales. Como consecuencia el conocimiento sobre el funcionamiento de las familias
homoparentales se va a enriquecer con nuevos estudios donde los niños forman parte de la estructura
familiar desde su nacimiento. Hasta ahora la mayoría de los niños habían pasado por el divorcio de sus
padres y la posterior identificación de su padre como gay o su madre como lesbiana.
En estos momentos la aceptación de la orientación homosexual como otra alternativa de relación sexual y
afectiva va alcanzando su normalización, aunque muchas veces más como manifestación de deseabilidad
social que por creencia personal. La investigación sobre homofobia así lo señala. Sin embargo, cuando se
trata de opinar sobre la calidad de su parentalidad aún quedan muchos mitos que no tienen fundamento
empírico. Las creencias más frecuentes señalan que los niños criados por padres gay o madres lesbianas
serán también homosexuales, socialmente serán más rechazados por sus compañeros y además tendrán
más problemas personales que los niños criados en una familia de padres heterosexuales. La evidencia de
los datos de las investigaciones empíricas no apoya dichas creencias.
Los estudios sobre la identidad de género (la identificación como hombre o mujer), la conducta de género
(atribución cultural de las actividades para hombres y mujeres o ambos) y la orientación sexual (la
atracción sexual y afectiva por otra persona ya sea del otro sexo, del mismo sexo o hacia ambos) no han
encontrado diferencias estadísticamente significativas en el desarrollo de los niños como consecuencia de
las orientaciones sexuales de sus padres (Patterson, 1997). La pregunta que surge es en qué grado los
padres pueden influir sobre el desarrollo del género de sus hijos.
Si atendemos a los modelos teóricos observamos que se formulan diferentes predicciones desde las
diferentes perspectivas teóricas. Para algunos autores el desarrollo del género está biológicamente
determinado por ejemplo a través de la genética o por la acción de las hormonas sexuales prenatales
(Collaer y Hines, 1995). Desde la perspectiva psicoanalítica, la importancia de la díada heterosexual es
fundamental para superar el complejo de Edipo (Socarides, 1978). El planteamiento de la teoría del
desarrollo cognitivo centra su atención sobre los esquemas de género ya que son ellos los que guían la
conducta y es el mundo que rodea la niño en su conjunto (padres, compañeros, otros adultos...) el que va
formando su visión de género (Bem, 1981). La teoría del aprendizaje social clásica destaca el papel de los
padres como agentes que influyen sobre el desarrollo del género de sus hijos, ya sea por refuerzo o como
modelos de conducta (Bandura, 1977). Desde una perspectiva más actual, el modelo cognitivo-conductual
destaca la interacción entre los procesos cognitivos y los factores sociales (Bussey y Bandura, 1999), de
modo que es posible que exista un patrón de refuerzo diferente entre las familias hetero y homosexuales,
provocando por ejemplo que los hijos de madres lesbianas o padres gay sean menos rígidos con los
estereotipos sexuales dado el papel parental atípico de su madre o padre.
Las pruebas que aporta la investigación empírica es unánime. Los niños criados en familias
homoparentales tienen un desarrollo normal en identidad de género (Golombock, Spencer y Rutter,
1983), manifiestan estar contentos con su género y no desean ser del sexo opuesto tal y como lo hacen los
niños que han sido educados por padres heterosexuales. Además sus atribuciones sobre la conducta de
género se desarrollan de forma paralela a la de los niños de padres heterosexuales. Green, Mandel,
Hotvedt, Gray y Smith (1986) no encontraron diferencias estadísticamente significativas en la elección
del programa favorito de televisión, en juegos o en juguetes. Cuando se trata de opinar sobre su
preferencia sexual, los niños se describen a sí mismo como heterosexuales. Bailey, Bobrow, Wolfe y
Mikach (1995) llevaron a cabo un estudio con adultos hijos de padres gay y encontraron que el 90% de sus
hijos eran heterosexuales. La probabilidad de que estos niños sean adultos gay o lesbianas no es mayor
que la de los niños de padres heterosexuales, situándose en un 10% aproximadamente la prevalencia de la
orientación homosexual en la población general.
En 1996 se publicó el estudio de seguimiento de niños criados por padres homosexuales y padres
heterosexuales realizado por Golombok y Tasker. El estudio consta de 25 niños criados por madres
lesbianas y 21 por madres heterosexuales y fueron entrevistados a la edad de 9.5 años y cuando tenían
23.5 años, en términos medios. Sus resultados señalan que los niños criados en una familia de madres
lesbianas habían explorado en mayor medida relaciones con personas del mismo sexo pero al final
optaron por mantener relaciones heterosexuales.
Acerca del desarrollo social de los hijos, los datos señalan que los hijos de padres gay y madres lesbianas
mantienen relaciones sociales con sus compañeros del mismo modo que los hijos de padres
heterosexuales y sus contactos con los adultos son semejantes a los de los niños de familias
heteroparentales. (Patterson, 1997). No aparecen diferencias ni en la calidad de las relaciones de amistad
ni en la percepción de su popularidad por parte de los compañeros (Golombock, Spencer y Rutter, 1983).
Incluso cuando la evaluación se realiza en la etapa de la adolescencia, donde el tema de la sexualidad
tiene una especial relevancia, tampoco se detectan signos de aislamiento (Ahmann, 1999).
Respecto al desarrollo personal, no se han encontrado diferencias estadísticamente significativas en las
áreas de auto-concepto, problemas de conducta, inteligencia y trastornos psicológicos (Golombock,
Spencer y Rutter, 1983; Fitzgerald, 1999; Green y cols., 1986) entre los niños criados por padres gay o
madres lesbianas y padres heterosexuales. Además, los adultos del estudio de Golombock y Tasker
(1996) que habían sido educados por madres lesbianas tuvieron la misma probabilidad de desarrollar
problemas de ansiedad y depresión que su grupo de comparación con madres heterosexuales.

El proceso de investigación con familias homoparentales

Desarrollar investigaciones sobre la familia no es una tarea sencilla y si además se añade que los padres
no son heterosexuales la complicación adquiere carácter de extremo. Desde el punto de vista
metodológico, la localización de las familias, el desconocimiento de la población, la tasa de respuesta, la
utilización de muestras pequeñas o el tipo de muestreo son cuestiones a tener en cuenta cuando se
planifica la investigación. Sin embargo la complicación para captar el fenómeno objeto de estudio no
debe ser obstáculo para realizar investigaciones que descubran y comprendan la realidad de la vida
familiar.
Las críticas (Baumrind, 1995; Belcastro, Gramlich, Nicholson, Price y Wilson, 1993; Cameron y
Cameron, 1997; Lerner y Nagai, 2000) sobre los resultados de las investigaciones empíricas que apoyan
la falta de diferencias sistemáticas entre los niños criados por madres lesbianas o padres gay y los de las
familias heterosexuales se centran especialmente en aspectos del diseño de la investigación. Consideran
que la calidad de los datos no suficiente para llegar a dichas conclusiones, no siendo aún la investigación
definitiva. Las muestras suelen ser escasas, afectando a la potencia estadística y son muestras autoselectivas
(snowball techniques) y de voluntarios. Otras críticas sugieren que los resultados de los
estudios están sesgados por la ideología de los investigadores a favor de los derechos de los gay y
lesbianas (Wardle, 1997).
La gran mayoría de los estudios críticos centran su atención en abordar los resultados de investigaciones
empíricas realizadas por otros investigadores, sin llegar a elaborar investigaciones propias donde mejoren
aquellos aspectos que critican, aportando de este modo nuevos datos a la comprensión científica de la
homoparentalidad. Sin embargo, la ciencia aún no dispone de esas aportaciones. Cuando se trata de
fundamentar empíricamente la falta de evidencia se alude por ejemplo a los trabajos de Cameron cuya
labor investigadora ha sido cuestionada duramente (Cantor, 1994; Herek, 1998, 2000). Evidentemente, la
ética del investigador en el proceso del diseño de investigación es el factor más importante para garantizar
la validez de los resultados.
Las investigaciones empíricas que se han desarrollado sobre la homoparentalidad tienen una serie de
dificultades que son inherentes al mismo fenómeno objeto de estudio. No hay información sobre el
número y localización de familias con padres gay o madres lesbianas, impidiendo el uso de muestras
aleatorias que sean representativas de las familias homoparentales. En estos casos la replicación de los
datos ofrece una prueba de la generalización de los hallazgos. Los estudios suelen realizarse con muestras
pequeñas. Las unidades experimentales suelen ser voluntarios o muestra selectiva y se podría pensar que
son las familias con mejor ajuste personal y social las que deciden participar en los estudios, favoreciendo
resultados positivos. Sin embargo, los datos de investigaciones con muestras de no voluntarios tampoco
detectan diferencias estadísticamente significativas cuando se evalúan familias de madres lesbianas por
inseminación. Por ejemplo en los estudios de Brewaeys, Ponjaert, Van Hall y Golombok (1997) y Chan,
Raboy y Patterson (1998) se utilizaron todas las familias de madres lesbianas que habían concebido un
niño en los centros de fertilización estudiados. También se están realizando investigaciones donde se
selecciona aleatoriamente la muestra de madres lesbianas a partir de un estudio comunicatorio como por
ejemplo la investigación longitudinal denominada Avon Longitudinal Study of Parents and Children
(ALSPAC, Golding y the ALSPAC Study Team, 1996)
(http://www.alspac.bris.ac.uk/alspacext/index.shtm) que se inició en 1990 y que ha sido específicamente
creada para conocer de qué modo el genotipo individual interacciona con el medio ambiente y cómo
repercuten sobre la salud. La muestra está formada por aproximadamente 14.000 madres y sus niños
desde el embarazo hasta la pubertad. Desde Estados Unidos Charlotte Patterson y su grupo han llevado a
cabo un estudio longitudinal de niños que forman parte del Bay Area Families Study (Patterson, 1996)
cuyo objetivo es conocer el desarrollo psicosocial de los niños que son criados por madres lesbianas.
A media que la investigación va avanzando y se conoce mejor a la familia de padres gay y madres gay
también se está enriqueciendo el diseño de diseño de investigación, eliminando críticas y sesgos,
facilitando de este modo una visión más válida de la realidad de los hijos.
En España ya existe el primer informe sobre el desarrollo infantil y adolescente en familias
homoparentales (http://www.colectivolambda.com/familieshomosexuals.htm) dirigido por Mar González
de la Universidad de Sevilla y cofinanciado por la Oficina del Defensor del Menor de la Comunidad de
Madrid y la Consejería de Relaciones Institucionales de la Junta de Andalucía. Los datos siguen en la
línea de los resultados extranjeros. Los niños que viven en familias homoparentales no se diferencian de
los que lo hacen en familias heteroparentales, aunque son más flexibles en los roles de género y más
tolerantes con la homosexualidad. Si se analizan los resultados de los contrastes estadísticos llevados a
cabo se observa que el diseño sí tuvo la suficiente potencia estadística para detectar diferencias
estadísticamente significativas en dos áreas que fueron evaluadas, la flexibilidad de los roles y las
opiniones hacía la homosexualidad. Por lo tanto, la cuestión no es la falta de potencia estadística porque sí
se alcanza cuando la hipótesis teórica lo sustenta sino que más bien parece que el tamaño del efecto del
resto de áreas evaluadas (bienestar psicológico) es trivial, en torno a cero.

Una forma alternativa de plantear los contrastes estadísticos

Las técnicas de inferencia estadística que se aplican en el diseño estadístico se basan en la comprobación
clásica de la significación de la hipótesis nula. Los problemas del escaso tamaño de las muestras provocan
críticas relacionadas con la validez de conclusión estadística del diseño de investigación. Nuestra unidad
de investigación tiene como objetivo desarrollar la aplicación de nuevos diseños de investigación que
respondan a las críticas, construyendo modelos de comprobación de hipótesis más eficaces. En concreto
estamos estudiando el uso de las pruebas de equivalencia (equivalence testing), procedentes de la
bioestadística e introducidas por Rogers, Howard, y Vessey (1993) en las ciencias sociales. También
estamos desarrollando un procedimiento de medición de las actitudes hacia la homoparentalidad que
tenga en cuenta el fenómeno de la deseabilidad social.
En términos generales, el procedimiento de las pruebas de equivalencia (equivalence testing) tienen como
objetivo contrastar que la media de un grupo es mayor que la media del otro grupo en lugar de establecer
que los dos grupos son iguales. Por ello, en dicho procedimiento la hipótesis nula es que los dos grupos
no son equivalentes y su rechazo indicará que los dos grupos sí son equivalentes (hipótesis alternativa).
La diferencia con la comprobación clásica de la hipótesis nula se encuentra en el propósito de la hipótesis
nula que tradicionalmente sostiene que las medias de los dos grupos son iguales y su rechazo señala que
los dos grupos difieren estadísticamente (hipótesis alternativa). En el trabajo de Rogers, Howard y Vessey
(1993) se ofrecen ejemplos empíricos de aplicación de las pruebas de equivalencia a los datos de la
literatura psicológica.
El método más usual de comprobación de la equivalencia es el denominado two one-sided tests (TOST)
donde el investigador concluye que los dos grupos son equivalentes si puede demostrar que difieren
menos que una constante (delta) en ambas direcciones. La primera prueba trata de rechazar la hipótesis
nula de que la diferencia entre las dos medias es menor o igual que la constante menor y la segunda
prueba trata de demostrar que la diferencia entre las medias es mayor o igual que la constante mayor. Si el
valor p de probabilidad conduce a la región de rechazo entonces los dos grupos se consideran
equivalentes. La principal dificultad que tiene que tomar el investigador es elegir el valor de delta que
defina el intervalo de confianza de equivalencia. Para ello podemos utilizar los resultados de trabajos de
meta-análisis o hacer una estimación del tamaño del efecto. El trabajo de meta-análisis elaborado por
Allen y Burell (1996) concluye que no hay diferencias estadísticamente significativas entre
heterosexuales y homosexuales en los estilos parentales, en el ajuste cognitivo y la orientación sexual de
los niños y ofrece los resultados del tamaño del efecto mdio en términos de correlaciones. En estos
momentos estamos trabajando la posibilidad de aplicar las pruebas de equivalencia con la configuración
de delta gracias a los datos de dicho meta-análisis.

Reflexiones finales

Los resultados ofrecen de forma unánime datos que son coherentes con el postulado de la parentalidad
como un proceso bidireccional padres-hijos que no está relacionado con la orientación sexual de los
padres. Educar y criar a los hijos de forma saludable lo realizan de forma semejante los padres
homosexuales y los padres heterosexuales.
Cada vez más el proceso del diseño de investigación con familias homoparentales se va enriqueciendo
con muestras mejor definidas y seleccionadas. La replicación de los datos desde fronteras tan diversas
como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia o España facilitan interpretaciones más válidas de los
resultados de las investigaciones. Disponer de muestras seleccionadas aleatoriamente de contextos más
amplios como los estudios comunitarios y realizar estudios longitudinales que permitan abordar la salud
de los adultos que fueron criados en familias de padres gay o madres lesbianas como el trabajo de
Golomok y Tasker (1996) y Tasker y Golombok (1997) que pudieron medir de nuevo a la muestra catorce
años después cuando ya eran adultos con una edad media de 24 años, están permitiendo que se aborde el
tema de la homoparentalidad con mayor calidad metodológica, eliminando críticas de diseño de
investigación.
Las posibilidades de la adopción y especialmente el campo de la reproducción asistida permite que la
decisión de ser padre o madre se pueda tomar desde la libertad de ser gay o lesbiana. Con ello también se
facilitan estudios donde los niños ya no han pasado sus primeros años en un hogar heterosexual hasta que
ha realizado la transición a una familia homosexual sino que su vida ha ido transcurriendo con su
padre/padres gay o su madre/madres lesbianas. Los datos señalan que el ajuste psicológico de los niños es
semejante hayan nacido o se hayan incorporado después a la familia gay o lesbiana (Golombok, Tasker y
Murria, 1997).
Las reflexiones políticas, legales y sociales sobre los derechos de los gay y lesbianas, por ejemplo el
relacionado con la custodia de los hijos y la adopción, deben realizarse desde el conocimiento científico
de la situación familiar. Del mismo modo también hay que abordar el tema de la coparentalidad.
Teniendo en cuenta siempre los intereses del niño, no parece ético pensar que aquel padre o aquella
madre que es o ha sido pareja de su padre o madre legal no tiene ningún derecho sobre el niño, del mismo
modo que el niño no tiene ningún derecho sobre ese otro padre o madre.
El cambio de actitudes y la tolerancia ante estructuras de familia no tradicionales son el eje que guía la
convivencia tranquila de la diversidad de familias que cohabitan en nuestra sociedad.
La investigación tiene la obligación de proporcionar pruebas con calidad y aquí la elaboración de diseños
de investigación con calidad metodológica son la mejor garantía de la validez de la evidencia encontrada.


Bibliografía

*Todas las páginas web señaladas estaban activas en Enero de 2004.
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quarta-feira, 8 de junho de 2011

DOUTRINA - A POSSIBILIDADE DE O FILHO ADOTIVO DEMANDAR O RECONHECIMENTO DE SUA ORIGEM GENÉTICA


                                                           Luiz Felipe Brasil Santos

(publicado em janeiro.2006)


Este tema constitui uma das questões juridicamente mais tormentosas e, por isso, polêmicas do Direito de Família brasileiro. Trata-se de saber se um filho adotivo pode demandar o reconhecimento de sua filiação junto ao pai biológico e qual o reflexo do resultado favorável dessa demanda sobre a adoção. 

A questão não é inédita na jurisprudência do Tribunal de Justiça do Rio Grande do Sul. Há um conhecido e já antigo precedente, julgado pela 8ª Câmara Cível (AC 595 118 787), em 09 de novembro de 1995, sendo relator o então Des. Eliseu Gomes Torres.  Naquele acórdão, restou afirmada, inicialmente por unanimidade, a seguinte tese:

FILHA ADOTIVA. INVESTIGAÇÃO DA PATERNIDADE. POSSIBILIDADE. Os deveres erigidos em garantia constitucional à criança e o adolescente, na Carta de 1988, em seu art. 227, se sobrepõem, às regras formais de qualquer natureza e não podem ser relegados a um plano secundário, apenas por amor à suposta intangibilidade do instituto da adoção. Opor à justa pretensão da menor adotada em ver reconhecida a paternidade biológica, os embaraços expostos na sentença, é o mesmo que entender que alguém, registrado em nome de um casal, seja impedido de investigar sua verdadeira paternidade, porque a filiação é tanto ou mais irrevogável do que a adoção. No entanto, a todo o momento, deparamos com pessoas registradas como filhos de terceiro, que obtém o reconhecimento da verdadeira paternidade e têm, por conseqüência, anulado o registro anterior. Sentença cassada, para que outra seja proferida enfrentando o mérito da causa.

Sobrevindo embargos declaratórios (ED 595195116), surgiu a dissidência, pois o Des. Stangler Pereira conferiu-lhes efeito infringente, alterando seu voto na Câmara, por reconhecer contradição, para o fim de manter a sentença que extinguira o processo, afirmando a impossibilidade de investigar a paternidade biológica por parte do filho adotivo, diante da inviabilidade de desfazer-se a adoção. A maioria, entretanto, acolheu em parte os declaratórios, apenas para o fim de melhor explicitar os fundamentos da decisão, deixando claro o entendimento no sentido de que a investigatória poderia prosseguir, sem que, no entanto, fosse desfeito o vínculo criado pela adoção.

Diante do julgamento majoritário, foram interpostos embargos infringentes (EI 596037044). Apreciando-os, em julgamento realizado no dia 13 de setembro de 1996, o 4º Grupo Cível manteve, também por maioria (4 votos a 2), a decisão da 8ª Câmara Cível, afirmando que :

INVESTIGAÇÃO DE PATERNIDADE. FILHO ADOTIVO. POSSIBILIDADE JURÍDICA. O filho de mãe solteira, adotado na modalidade simples do antigo Código de Menores, presente que a nova ordem constitucional tornou todas as formas de adoção irrevogáveis, não precisa desconstituir a adoção, para investigar sua paternidade. Se não tinha pai conhecido por ocasião da adoção, nada impede que busque saber quem ele é, sem prejuízo do vínculo civil. Inteligência dos arts. 27 e 41, do ECA, e do art. 378, do Código Civil, sob inspiração do princípio da proteção integral da criança. Embargos Infringentes rejeitados.

Dessa decisão, resultou a interposição de Recurso Especial (RE nº 127.541-RS), julgado em 10 de abril de 2000 pela 3ª Turma do STJ, sendo relator o em. Min. Eduardo Ribeiro, no qual ficou assentado que:

Adoção. Investigação de paternidade. Possibilidade.
Admitir-se o reconhecimento do vínculo biológico de paternidade não envolve qualquer desconsideração ao disposto no artigo 48 da Lei 8.069/90. A adoção subsiste inalterada.
A lei determina o desaparecimento dos vínculos jurídicos com pais e parentes, mas, evidentemente, persistem os naturais, daí a ressalva quanto aos impedimentos matrimoniais. Possibilidade de existir, ainda, respeitável necessidade psicológica de se conhecer os verdadeiros pais.
Inexistência, em nosso direito, de norma proibitiva, prevalecendo o disposto no artigo 27 do ECA.
Como se vê, o tema não é novo. Entretanto, continua sem uma solução satisfatória. Por sinal, ao ensejo do julgamento dos aclaratórios suso mencionados (ED 595195116), o em. então Des. Sérgio Gischow Pereira já assinalava que:
O assunto, sem dúvida alguma, é complexo. Nesse particular, não me ocorre precedente jurisprudencial. Até a doutrina, na verdade, é muito hesitante a respeito do assunto, tanto que referi, no acórdão embargado, lição de Antonio Chaves a respeito do assunto em que ele cita opiniões diferentes dos autores a respeito do assunto.

Decorridos dez anos, o quadro doutrinário e jurisprudencial não é diferente. Algumas luzes, nesse entretempo, foram, no entanto, lançadas, especialmente pela produção doutrinária mais recente.

Uma premissa inicial é necessário deixar assentada: é que não está em jogo a possibilidade ou não de desconstituir a adoção, que é sabidamente irrevogável (art. 48 do ECA). Cuida-se exclusivamente de saber se, mantida a adoção, é viável o filho adotivo obter uma mera declaração de sua origem genética, mantendo incólume o vínculo parental de adoção.

Em pioneiro estudo sobre o tema, na doutrina nacional, Paulo Luiz Netto Lôbo[1] traça a distinção que atualmente se impõe entre o direito ao estado de filiação e direito ao conhecimento da origem genética. Pela riqueza da exposição, vale transcrever expressivo excerto desse trabalho:

12. Direito à origem genética como direito da personalidade, sem vínculo com o estado de filiação.
O estado de filiação, que decorre da estabilidade dos laços afetivos construídos no cotidiano de pai e filho, constitui fundamento essencial da atribuição de paternidade ou maternidade. Nada tem a ver com o direito de cada pessoa ao conhecimento de sua origem genética. São duas situações distintas, tendo a primeira natureza de direito de família e a segunda de direito da personalidade. As normas de regência e os efeitos jurídicos não se confundem nem se interpenetram.
Para garantir a tutela do direito da personalidade não há necessidade de investigar a paternidade. O objeto da tutela do direito ao conhecimento da origem genética é assegurar o direito da personalidade, na espécie direito à vida, pois os dados da ciência atual apontam para necessidade de cada indivíduo saber a história de saúde de seus parentes biológicos próximos para prevenção da própria vida. Não há necessidade de se atribuir a paternidade a alguém para se ter o direito da personalidade de conhecer, por exemplo, os ascendentes biológicos paternos do que foi gerado por dador anônimo de sêmen, ou do que foi adotado, ou do que foi concebido por inseminação artificial heteróloga. São exemplos como esses que demonstram o equivoco em que laboram decisões que confundem investigação da paternidade com direito à origem genética.
Em contrapartida, toda pessoa humana tem direito inalienável ao estado de filiação, quando não o tenha. Apenas nessa hipótese, a origem biológica desempenha papel relevante no campo do direito de família, como fundamento do reconhecimento da paternidade ou da maternidade, cujos laços não se tenham constituído de outro modo (adoção, inseminação artificial heteróloga ou posse de estado). É inadmissível que sirva de base para vindicar novo estado de filiação, contrariando o já existente.


Com efeito, no atual estágio do direito brasileiro, resulta evidente a diferenciação traçada pelo ilustre doutrinador entre o direito da personalidade, inerente e inato à pessoa, em seu âmbito individual e personalíssimo, e o reconhecimento ou contestação do estado de filiação, que pode ou não ter origem biológica.  O primeiro tem assento constitucional, no resguardo ao direito à vida, e não visa necessariamente criar o vínculo jurídico de filiação. O segundo fundamenta-se no Direito de Família e tem por escopo estabelecer o vínculo de parentesco, do qual decorrerão os direitos correlatos. 

Nessa perspectiva - embora enfatizando a irrevogabilidade da adoção, sobretudo quando realizada já sob a égide do Estatuto da Criança e do Adolescente, ou ainda na vigência da legislação menorista anterior, mas sob a modalidade plena - tenho que não pode ser sonegado ao filho adotivo o direito ao conhecimento de sua origem genética. Nesta senda, aliás, foi que se orientou o Eg. Superior Tribunal de Justiça no Recurso Especial antes referenciado (Resp. nº 127.541-RS).  

É certo que o direito de personalidade ao conhecimento da origem genética poderá encontrar sério óbice na jurisprudência firmada pelo Supremo Tribunal Federal ao ensejo do julgamento do HC-71.373-RS (DJ de 22.11.96), sendo relator o Ministro Marco Aurélio, que deixou assentado:

INVESTIGAÇÃO DE PATERNIDADE - EXAME DE DNA - CONDUÇÃO DO RÉU “DEBAIXO DE VARA”. Discrepa, a mais não poder, de garantias constitucionais implícitas e explícitas - preservação da dignidade humana, da intimidade, da intangibilidade do corpo humano, do império da lei e da inexecução específica e direta de obrigação de fazer - provimento judicial que, em ação civil de investigação de paternidade, implique determinação no sentido de o réu ser conduzido ao laboratório, “debaixo de vara”, para coleta do material indispensável à feitura do exame DNA. A recusa resolve-se no plano jurídico-instrumental, consideradas a dogmática, a doutrina e a jurisprudência, no que voltadas ao deslinde das questões ligadas à prova dos fatos.

Como se vê, a nossa Corte Suprema decidiu pela inviabilidade de impor ao investigado a realização do exame de DNA, por ofender tal determinação princípios fundamentais como a “preservação da dignidade humana, da intimidade, da intangibilidade do corpo humano, do império da lei e da inexecução específica e direta de obrigação de fazer”.

Ocorre que assim temos configurada típica colisão de princípios. De um lado, os que garantem ao investigado seu direito à intangibilidade corporal, como frisado. De outro, o direito de personalidade do investigante ao conhecimento de sua origem genética, que, por certo, jamais poderá ser efetivamente satisfeito se a eventual procedência de seu pleito resultar do sistema de presunções estabelecido agora pelos arts. 231 e 232 do Código Civil, como pela Súmula 331 do STJ, pois somente a perícia de DNA é apta a definir, de forma real, a verdade genética. A solução hermenêutica se imporia pela ponderação de princípios.  Como salienta Maria Celina Bodin de Moraes[2]:

 (...) abusa de seu direito aquele que exercitando um determinado direito subjetivo, embora sem contrariar qualquer específico dever normativo, afasta-se do interesse (rectius, valor) que constitui a razão de ser de sua tutela legislativa. Desta forma, o exercício de um direito não encontra apenas limites estabelecidos por deveres ou proibições legislativamente impostos mas, principalmente, os limites impostos pelos valores que têm na Constituição a sua referência normativa.
O abuso ocorre, pois, especialmente, quando o exercício do direito, anti-social, compromete o gozo dos direitos de terceiros, gerando objetiva desproporção, do ponto de vista valorativo, entre a utilidade do exercício do direito por parte de seu titular e as conseqüências que outros têm que suportar.
Não se duvida que a incolumidade física abranja o direito de recusa a submeter-se a tratamento médico ou exame de qualquer espécie, sem o consentimento expresso de seu titular, não podendo o indivíduo ser compelido a realizá-los.56
O direito à integridade física configura verdadeiro direito subjetivo da personalidade, garantido constitucional-mente, cujo exercício, no entanto, se toma abusivo se servir de escusa para eximir a comprovação, acima de qualquer dúvida, de vínculo genético, a fundamentar adequadamente as responsabilidades decorrentes da relação de paternidade.
A perícia compulsória se, em princípio, repugna àqueles que, com razão, vêem o corpo humano como bem jurídico intangível e inviolável, parece ser providência necessária e legítima, a ser adotada pelo juiz quando tem por objetivo impedir que o exercício contrário à finalidade de sua tutela prejudique, como ocorre no caso do reconhecimento do estado de filiação, direito de terceiro correspondente à dignidade de pessoa em desenvolvimento, interesse este que é, a um só tempo, público e individual.
Aos que temem a instauração de precedente, a ser evitado a qualquer custo, pode se opor a consideração de que, na nossa ordem constitucional, o princípio da dignidade da pessoa humana estabelece sempre os limites intransponíveis, para além dos quais há apenas ilicitude.

Não tenho dúvida em afirmar, nessa linha, que, ponderados os princípios, não há motivação possível para a negativa do investigado em se submeter à perícia genética, e que, se ela vier a ocorrer, plenamente justificável sua condução coercitiva para tal fim, com o quê se resguardaria o valor maior assegurado pela ordem jurídica, diretamente vinculado à dignidade da pessoa humana daquele que busca o conhecimento de suas origens.

Poder-se-ia contrapor que não é possível ação declaratória de origem genética, pois, conforme o art. 4º, inc. I, do CPC, somente é viável obter declaração de “relação jurídica”, jamais de mero fato. Com efeito, essa é a interpretação corrente na doutrina e na jurisprudência. Entretanto, cabe indagar: ao se reconhecer a origem genética de alguém estar-se-á declarando mero fato?  Essa questão remete-nos à noção de “relação jurídica” que, sinteticamente pode ser definida como “relação entre pessoas, ou entre pessoa e coisa, regulada pelo direito”[3].  Ou seja, no conceito de relação jurídica está sempre contida a noção de bipolaridade, pois não há relação jurídica de alguém consigo mesmo. E, além da existência de dois pólos (pessoa-pessoa ou pessoa-coisa) devem daí advir conseqüências previstas no ordenamento jurídico. É o que ensina Pontes de Miranda, quando afirma que “relação jurídica básica é o resultado da juridicização de relação inter-humana”[4].

Ora, é certo que a relação de adoção rompe quase todos os vínculos com a família consangüínea. É o que dispõe o art. 1.626 do Código Civil, que, entretanto, excepciona a preservação dos impedimentos matrimoniais. Tem-se aí, portanto, a configuração de uma relação jurídica obstativa, suficiente para oportunizar o ajuizamento de uma ação declaratória de origem genética.

Em conclusão, tem-se como viável a ação que objetive a mera declaração de origem genética, promovida por filho adotivo, sem desconstituição do vínculo parental estabelecido pela adoção.   


Referências bibliográficas:

BARBI, Celso Agrícola. Comentários ao Código de Processo Civil. v. 1. Rio de Janeiro, Forense, 1981.

BODIN DE MORAES, Maria Celina. Recusa à realização do exame de dna na investigação de paternidade e direitos da personalidade. Disponível em: http://www.gontijo-familia.adv.br/. Acesso em 10 ago. 2005.


LÔBO, Paulo Luiz Netto. Direito ao estado de filiação e direito à origem genética. Disponível em:  http://www.direitodafamilia.net. Acesso em 10 ago 2005.

MIRANDA, Pontes de. Tratado de direito privado: parte geral. 3. ed. Rio de Janeiro: Borsoi, 1970.


* Desembargador do TJRS. Presidente do IBDFAM-RS. Professor da Escola da Magistratura da AJURIS.
[1] LÔBO, Paulo Luiz Netto. Direito ao estado de filiação e direito à origem genética. Disponível em:  http://www.direitodafamilia.net. Acesso em 10 ago 2005.
[2] BODIN DE MORAES, Maria Celina. Recusa à realização do exame de dna na investigação de paternidade e direitos da personalidade. Disponível em: http://www.gontijo-familia.adv.br/. Acesso em 10 ago. 2005.

[3] BARBI, Celso Agrícola. Comentários ao Código de Processo Civil. v. 1. Rio de Janeiro, Forense, 1981. p. 64.
[4] MIRANDA, Pontes de. Tratado de direito privado: parte geral. 3. ed. Rio de Janeiro: Borsoi, 1970. p. 118. 

DOUTRINA - PAIS, FILHOS E DANOS

                                                       Luiz Felipe Brasil Santos
                                                            
                                                              (publicado em julho de 2004)


                                   1. Recente acórdão do Tribunal de Alçada de Minas Gerais (AC nº 408.550-5, de 01.04.2004), por sua Sétima Câmara Cível, reconheceu ao filho o direito a ter reparados os danos morais decorrentes do abandono paterno, fixando indenização correspondente a 200 salários mínimos.  A decisão ficou assim ementada :

                                                   INDENIZAÇÃO DANOS MORAIS – RELAÇÃO PATERNO-FILIAL – PRINCÍPIO DA DIGNIDADE DA PESSOA HUMANA – PRINCÍPIO DA AFETIVIDADE.
A dor sofrida pelo filho, em virtude do abandono paterno, que o privou do direito à convivência, ao amparo afetivo, moral e psíquico, deve ser indenizável, com fulcro no princípio da dignidade da pessoa humana.”

        Tratava-se de caso em que o genitor, após a separação judicial do casal, embora continuasse a prestar regularmente alimentos ao filho – que, então com seis anos de idade, permaneceu sob a guarda materna –, abandonou-o afetivamente, deixando de ter com ele qualquer contato e não atendendo aos seus clamos.  Reconhecido o dano psíquico sofrido pelo filho, foi fixada em seu favor uma indenização correspondente a 200 salários mínimos. 

       Apesar do aparente ineditismo dessa decisão, tais situações são bastante corriqueiras no dia-a-dia: pais incapazes de distinguir com nitidez a relação conjugal da relação parental. Em conseqüência, quando se separam do cônjuge, rompem também com os filhos. Por vezes, o abandono é material, representado pela sonegação dos alimentos. Em outras, é afetivo, manifestando-se pelo afastamento, desinteresse e completa ausência de contato com o filho.

          O acórdão em comento encontra um precedente, de idêntico teor, em sentença datada de 16 de setembro de 2003, da Comarca de Capão da Canoa-RS (Processo nº 141/1030012032-0), de lavra do Juiz de Direito Mário Romano Maggioni, que, por significativa coincidência, fixou a indenização em igual montante (200 s.m.).  Nesse caso, tendo sido o réu revel, não houve recurso, ficando restrita a repercussão, que só agora se deu, ironicamente em razão do decisório posterior.


2. Essa incipiente jurisprudência põe em debate o instigante tema relativo à extensão da indenizabilidade dos danos extrapatrimoniais, a mais desafiadora questão no âmbito da responsabilidade civil, com importante repercussão no Direito de Família.

Conforme refere Eugênio Facchini Neto[1], citando Konrad Zwegert & Hein Kötz, “o principal objetivo da disciplina da responsabilidade civil consiste em definir, entre os inúmeros eventos danosos que se verificam quotidianamente, quais deles devam ser transferidos do lesado ao autor do dano, em conformidade com as idéias de justiça e eqüidade dominantes na sociedade”.

A dificuldade em alcançar-se consenso sobre o tema decorre exatamente do fato de que a noção do que seja dano ressarcível é dinâmica, evoluindo e sofisticando-se ao longo da história, na exata proporção em que se amplia também a tutela dos direitos da pessoa.

A propósito, alerta Judith Martins-Costa[2] que “o conceito de ‘dano’ não é dado, mas sim ‘construído’ e, mais ainda, é, para usar uma expressão cara aos existencialistas, um ‘conceito situado’. (...) Antes de a psicanálise instaurar o seu reinado, pondo a nu a relevância da saúde psíquica e da vida sexual e afetiva, poder-se-ia cogitar da hipótese de ‘dano psíquico’, ‘dano à vida afetiva’, ‘dano à vida conjugal’, ou de ‘dano à realização sexual’?”

Nessa linha, desempenhando os princípios constitucionais no direito civil relevante papel na asseguração dos direitos e garantias individuais, por meio das cláusulas gerais – conforme a mesma autora – “permite-se o desenvolvimento jurisprudencial de novas hipóteses, mediante o emprego do raciocínio tópico, podendo-se, assim, falar na elaboração de um direito geral da personalidade que não se esgota nos tradicionais atributos, tais como a honra, o nome, a imagem, a intimidade e a vida privada, mas tem alargada possibilidade de expansão”.
   

3. No ordenamento jurídico brasileiro, são vários os dispositivos que evidenciam a existência do direito-dever paterno de cuidar e proteger o filho, não apenas em seu aspecto físico, mas também psíquico.

A Convenção sobre os Direitos da Criança, adotada em Assembléia Geral das Nações Unidas, em 20 de novembro de 1989, proclama, em seu artigo 7.1, o direito da criança “a conhecer seus pais e a ser cuidada por eles”.

Nossa Constituição Federal, no “caput” do artigo 227, dispõe que é dever, em primeiro lugar, da família assegurar, dentre outros, o direito da criança e do adolescente à “convivência familiar”, além de “colocá-los a salvo de toda forma de negligência, (...)”.

Já no plano da legislação ordinária, o Estatuto da Criança e do Adolescente (Lei 8.069/90) reafirma o direito da criança e do adolescente “a ser criado e educado no seio da sua família” (art. 19), incumbindo aos pais “o dever de sustento, guarda e educação dos filhos menores” (art. 22).

O Código Civil, por igual, alinha entre os deveres conjugais (art. 1.566) o de “sustento, guarda e educação dos filhos” (inc. IV), dispondo em capítulo especial sobre a “proteção da pessoa dos filhos” (arts. 1.583 a 1.590), em caso de separação ou divórcio dos pais, sempre tendo como princípio norteador o melhor interesse das crianças (em especial nos arts. 1.584 e 1586).

4.  Assim, vê-se como a legislação civil põe em relevo a notória importância da função parental na formação da pessoa. Falando especificamente sobre a figura paterna, noticia Rodrigo da Cunha Pereira[3] que, “em l989, a jurista belga Bernadete Bawin Legros, refletindo sobre essas mudanças no Direito de Família,  a partir da década de 70, publicou um artigo, sob o título  de A função paterna: sua história e sociologia, onde considera que essa função, menos evidente que a materna, comporta três aspectos: a reprodução (função biológica), a relação educativa (função psicopedagógica) e a transmissão de um nome e de um patrimônio (função social)”.

Neste contexto, a ausência injustificada do pai origina evidente dor psíquica e conseqüente prejuízo à formação da criança, decorrente da falta não só do afeto, mas do cuidado e da proteção (função psicopedagógica) que a presença paterna representa na vida do filho, mormente quando entre eles já se estabeleceu um vínculo de afetividade (como no caso em comento, em que o filho foi abandonado aos seis anos de idade). E, além da inquestionável concretização do dano, também se configura, na conduta omissiva do pai, a infração aos deveres jurídicos de assistência imaterial e proteção que lhe são impostos como decorrência do poder familiar. 

Na expressão de Giselda Hironaka[4] “tem me sensibilizado, nesta vertente da relação paterno-filial em conjugação com a responsabilidade, este viés naturalmente jurídico, mas essencialmente justo, de se buscar indenização compensatória em face de danos que pais possam causar a seus filhos, por força de uma conduta imprópria, especialmente quando a eles é negada a convivência, o amparo afetivo, moral e psíquico, bem como a referência paterna ou materna concretas, acarretando a violação de direitos próprios da personalidade humana, magoando seus mais sublimes valores e garantias, como a honra, o nome, a dignidade, a moral, a reputação social, o que, por si só, é profundamente grave”.  

5. Em conferência proferida ao ensejo do I CONGRESSO DE DIREITO DE FAMÍLIA DO MERCOSUL, promovido pela seccional gaúcha do Instituto Brasileiro de Direito de Família (IBDFAM-RS), em parceria com a Faculdade de Direito da PUCRS, sob o título “Filiacion y Dano Moral Resarcible”, o jurista argentino Eduardo Ignacio Fanzolato assinalou, com precisão, que

en ningún orden de la vida social, puede admitirse la impunidad de quien viola las leyes o los eternos  principios del derecho. Desde las primeras décadas del Siglo XX se fue instalando en la conciencia jurídica la idea de que la patria potestad implica, para los progenitores,  más deberes que derechos. De ahí se deduce que cuando no se satisface la obligación  –como en las otras ramas del Derecho – el  incumplimiento genera reparaciones punitivas y resarcitorias. (…) en todos los ámbitos del derecho de familia (en el orden matrimonial y en la esfera de la filiación) son de aplicabilidad  los principios universales que están en la base de toda responsabilidad civil, en especial el alterum non laedere (no dañar a los demás).”

6.  As críticas mais acerbas aos julgados em exame trazem como argumento o fato de que a concessão de indenização em casos como esses representa excessivo alargamento do conceito de danos indenizáveis, e acabam por incentivar a monetarização do afeto.  Além disso, não faria com que o pai, arrependido, buscasse a reaproximação com o filho.

 Embora respeitando tal entendimento, não posso com ele assentir.

 Primeiro, porque, como já salientei em voto vencido proferido nos Embargos Infringentes nº 70000271379 (4º Grupo Cível, julgado em 11 de agosto de 2000 – RJTJRS 202), quando se discutia o cabimento dos danos morais decorrentes da negativa ao reconhecimento da paternidade: “Nós aqui cansamos de dar indenização por dano moral por negativações, apontes, etc., situações que ninguém vai ter coragem de afirmar que são equiparáveis à negativa do reconhecimento de uma paternidade.”  Com efeito, idêntico raciocínio se aplica à situação do pai que, mesmo tendo reconhecido o filho, o abandona afetivamente, negando-lhe a assistência não apenas material a que está ética e juridicamente obrigado, mas igualmente negando-lhe a sustentação emocional que é essencial à sua formação como pessoa, pelo simples fato de que é responsável pelo ser que gerou.

Segundo, porque a indenização deferida nesse contexto não tem a finalidade de compelir o pai ao cumprimento de seus deveres, mas atende duas relevantes funções, além da compensatória : a punitiva e a dissuasória.  

  A responsabilidade civil, como lembra Facchini[5], tem como função básica a reparação dos danos materiais ou a compensação dos danos extrapatrimoniais. Entretanto, conforme o mesmo autor, “outras funções podem ser desempenhadas pelo instituto. Dentre essas, avultam as chamadas funções punitiva e dissuasória”. Pela primeira, busca-se “punir alguém por alguma conduta praticada, que ofenda gravemente o sentimento ético-jurídico prevalente em determinada comunidade”. Com a segunda, procura-se “sinalizar a todos os cidadãos sobre quais condutas a evitar, por serem reprováveis do ponto de vista ético-jurídico”.

No mesmo sentido, dissertando sobre a indenização dos danos morais na investigatória de paternidade, assinala Rolf Madaleno[6] que “a punição pecuniária pelo dano imaterial tem um caráter nitidamente propedêutico e, portanto, não objetiva propriamente satisfazer a vítima da ofensa, mas, sim, castigar o culpado pelo agravo moral e, inclusive, estimular aos demais integrantes da comunidade (…) a cumprirem os deveres éticos impostos pelas relações familiares”.  


7. Em conclusão, o receio acerca da excessiva ampliação do conceito de danos indenizáveis não pode conduzir o jurista a negar indenização quando, como na espécie, se evidencia o dano.  No ponto, apropriadamente alerta Fanzolato[7] que “muchos han advertido sobre los riesgos que aparejan esta apertura, pronosticando cataratas de pretensiones resarcitorias; pero ello no debe amilanar al intérprete en la medida que la justicia aconseje o exija ese tipo de sanciones convalidadas por una sociedad madura”.

O papel dos pais não se limita ao dever de sustento, de prover materialmente o filho com os meios necessários à subsistência orgânica. Vai muito além, para abranger a subsistência emocional, e a função psicopedagógica, de educação e assistência em geral. Na medida em que não é cumprido esse irrenunciável papel, por injustificável ausência paterna, exsurge o dano que há de ser reparado.  

Nessa perspectiva, sobressai a atuação da jurisprudência na aplicação integrativa dos princípios constitucionais – em especial o da dignidade da pessoa humana – como forma de não deixar recair exclusivamente sobre a vítima as conseqüências do dano.  







[1]Da responsabilidade civil no novo Código. In: SARLET, Ingo Wolfgang (Org.).  O novo código civil e a constituição. Porto Alegre: Livraria do Advogado, 2003. p. 151 e segs.
2 Os danos à pessoa no direito brasileiro e a natureza de sua reparação. In: MARTINS-COSTA, Judith (Org.).  A reconstrução do direito privado. São Paulo: Editora Revista dos Tribunais, 2002. p. 408 e segs.  
 
[3] Direito de família: uma abordagem psicanalítica. 2ª. ed. Belo Horizonte: Del Rey, 2003. p. 131.
[4] Palestra proferida no III Congresso Brasileiro de Direito de Família – Família e Cidadania: o novo Código Civil Brasileiro e a ‘vacatio legis’, em 26.10.2001, promovido pelo IBDFAM e pela OAB/MG, na cidade de Ouro Preto(MG)
[5] ob. cit. – p. 163/164
[6] O Dano Moral na Investigação de Paternidade – REVISTA AJURIS 71/270
[7] ob. cit.